Debe ser la cobardía que se impregna por mis venas o quizás la debilidad de mi desición, la que no me deja ser capáz de mirarte a los ojos y decirte ya sin fuerzas, Ya no te amo.
Que mis días son más largos, cansadores y algo extraños. Mentirte talvéz en que ya no pienso en lo que juntos vivimo. Engañarte posiblemente con palabras vacías y desprovistas de sinceridad y con alientos similares a los golpes en la almohad, como en las noches que te lloré.
Wladimir Santander
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